Historias de aquí

Setenileños en la ‘Desbandá’ de Málaga, el “Guernica” andaluz

LA HUÍDA DE MÁLAGA. Fueron muchos los vecinos de Setenil que huyeron del pueblo por el temor a la represión que siguió al golpe militar y que luego vivieron uno de los momentos más terribles de la Guerra Civil: la huída de Málaga (febrero de 1937), en la que miles de civiles fueron bombardeados por buques de guerra en su camino hacia Almería. En la imagen vemos a María Camacho y Pedro Moreno (mis bisabuelos paternos), que se marcharon del pueblo. A la derecha, una carta con sello de la Cruz Roja dirigida por María Camacho en diciembre de 1937 a su madre, Ana Mingoya, que se quedó en Setenil junto a parte de la familia. Tiene remite de salida en Huércal-Overa (Almería). Tardó la friolera de cuatro meses en obtener respuesta, toda una eternidad en ese período dominado por la barbarie. Una de tantas familias rotas por la Guerra Civil. Sabemos de otros vecinos como José Ramos, que acabó en el exilio en Pau, la familia de Miguel Bermúdez, o Francisco Pérez Reina, miembro activo de la UGT, uvo que huir y estuvo en la Desbandá de la carretera Málaga-Almería con seis hijos pequeños, la mayor de 14 años (Maruja Pérez González).

LA HUÍDA DE MÁLAGA. Fueron muchos los vecinos de Setenil que huyeron del pueblo por el temor a la represión que siguió al golpe militar y que luego vivieron uno de los momentos más terribles de la Guerra Civil: la huída de Málaga (febrero de 1937), en la que miles de civiles fueron bombardeados por buques de guerra en su camino hacia Almería. En la imagen vemos a María Camacho y Pedro Moreno (mis bisabuelos paternos), que se marcharon del pueblo. A la derecha, una carta con sello de la Cruz Roja dirigida por María Camacho en diciembre de 1937 a su madre, Ana Mingoya, que se quedó en Setenil junto a parte de la familia. Tiene remite de salida en Huércal-Overa (Almería). Tardó la friolera de cuatro meses en obtener respuesta, toda una eternidad en ese período dominado por la barbarie. Una de tantas familias rotas por la Guerra Civil. Sabemos de otros vecinos como José Ramos, que acabó en el exilio en Pau, mi abuelo José Andrades y su hermano Tobalito, Francisco Pérez Reina, miembro activo de la UGT, que sufrió la huída por esta carretera de la muerte con seis hijos pequeños, la mayor de 14 años (Maruja Pérez González), o la familia de Miguel Bermúdez. Solo algunos de los muchos que penaron en ese terrible camino.

PEDRO ANDRADES

Fue el “Guernica” andaluz, una tragedia mayor que el terrible bombardeo cuyo dolor universalizó el malagueño Pablo Picasso. Este 8 de febrero se cumple el aniversario de aquella dramática huída en 1937 de Málaga a Almería, en la que iban muchísimos setenileños que escapaban del avance golpista. Esa carretera era una trampa mortal, bombardeada desde el mar por los buques de guerra “Canarias” y “Cervera” y por aviones alemanes e italianos. Las última investigaciones cifran en 300.000 las personas que sufrieron ese ataque indiscriminado contra la población civil. Recuerdo vagamente que cuando tenía 11 años un maestro nos encargó que habláramos con nuestros abuelos de la Guerra Civil. A mi abuelo Rafael Parras casi le da un pasmo. Mi otro abuelo, José Andrades, ya había muerto de tuberculosis tras penar en la prisión del Puerto de Santa María. Mi abuela Serafina Moreno me relató una historia que yo no comprendía, de mucha gente andando por la carretera. Iban en La Desbandá, como tantos vecinos de Setenil cuyos nombres ignoramos y que fueron testigos y víctimas de ese infierno, un bombardeo indiscriminado contra la población civil. El médico canadienses Norman Bethune dejó algunas imágenes que nos muestran rostros desconsolados y asustados en el camino. Siempre que miro estas fotos me parece adivinar alguna cara conocida, y pienso que el rostro de la guerra se parece siempre mucho. Antes, y ahora, aquí mismo, con interminables columnas de refugiados que huyen de la guerra en Siria ante el desprecio y el silencio de Europa.
P.D.: Animamos a los familiares que conozcan historias similares que las compartan en el blog y en el grupo de Facebook de “Imagina Setenil”

Entrevista de Jesús Vigorra a Luis Melero, autor del libro “La Desbandá”, en la que relata la dramática huída por la carretera Málaga-Almería. Abajo, un reportaje de TVE sobre La Desbandá.

Más información en

“La desconocida y terrible Guerra Civil en Setenil” 

3 pensamientos en “Setenileños en la ‘Desbandá’ de Málaga, el “Guernica” andaluz

  1. Mi madre, ya fallecida, relataba las peripecias que pasó junto a mis abuelos paternos camino de Valencia, donde se encontraba mi padre haciendo los cursos de teniente en la Academia militar.
    Salieron de Setenil andando por caminos y veredas poco transitadas, ya que por las carreteras pasaban los fascistas y ya sabemos lo que hacían esos “valientes”. Llegaron hasta Alcira en la provincia de Valencia como pudieron. La mayor parte del recorrido lo hicieron andando. Volvieron a Alicante donde a mi padre lo metieron preso los “nacionales” en el castillo de Santa Bárbara y en Alicante nació mi hermana Aurelia. Mi padre perdió a dos hermanos en la guerra, Curro Morilla y Antonio Morilla y por más que buscaron mi abuela y mi madre nunca han sabido donde están enterrados.

  2. Mi suegra, Ana Ruiz Pérez, relataba que su hermano y ella estuvieron perdidos durante varios días, y que fueron andando desde Ronda hasta Málaga. Vivieron de la caridad de la gente, que les daba algún mendrugo de pan. Ella solo tenía 5 años. Su hermano mayor alguno más. Su madre los encontró en la puerta de la catedral de Málaga, la alegría le produjo un desmayo. Su relato era estremecedor, recordaba los cadáveres hacinados en las cunetas de la carretera de El Burgo, y los constantes ametrallamientos de la aviación del ejército fascista. Queipo de Llano, el más sanguinario de cuantos generales tuvo Franco, se ensañó en esta tierra… El Pecho de la Plaza se llamó con el nombre de este verdugo hasta la democracia. ¿Qué pretendía con esta brutalidad ese personaje diabólico?, lograr que la población se atemorizara solo con escuchar su nombre, todo estaba permitido, y su acción fue fulminante, persiguió a todos los que tuvieron que ver con la democracia en Andalucía. Nada se escapó a los embistes de este asesino con sueldo. Mi abuelo (Julio Pardillo Oliveira) y dos de sus cuñados (Antonio y José Dorado Álvarez) sufrieron en Alcalá del Valle también esa virulencia descomunal, mi abuelo asesinado por un dedo mentiroso, su cuñado José torturado hasta la muerte. A Antonio Dorado, diputado en las cortes andaluzas, lo persiguieron hasta el hospital de Málaga y lo sacaron para fusilarlo. El pecado, proteger a las columnas de gente en las carreteras, donde fue herido. La consigna era aterrorizar, perseguir, eliminar, hundir, desmoralizar, demonizar cada obra del enemigo, ya fuesen ayudas humanitarias, educativas o médicas. Nadie podía ayudar al enemigo, aunque el enemigo fuese un niño de cinco años. Y todavía oigo con estupor la defensa del “todo vale en la guerra y el amor”, pensando en que ese amor que les han enseñado debe ser parecido a una guerra. Los herederos de los supuestos vencedores de aquella guerra, que perdimos todos los españoles, todavía hablan con rencor enconado y me hace temer que el olvido de un pueblo haga repetir la historia.

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