Fotografías/Historias de aquí

Setenil, 1960: La admiración hacia nuestro pueblo viene de lejos

PEDRO ANDRADES

Casi como un apéndice del anterior artículo (“Las fotos del mítico Nicolás Muller en Setenil”) comparto este reportaje publicado en 1960 en ABC por el brillante escritor y periodista gaditano Ramón Solís, e ilustrado con imágenes del citado fotógrafo, que nos sirven como testimonio de la amplia fototeca que posee de nuestro pueblo. Aquí aparecen otras imágenes impresionantes de las Cuevas Román todavía habitadas, del puente de Mollete o de las Cuevas de la Sombra, que no podemos apreciar en toda su belleza al tratarse de una reproducción de hemeroteca.

Ramón Solís, autor entre otros libros de “Un siglo llama a la puerta” (célebre recreación de las Cortes de Cádiz), describe nuestro pueblo con una admiración que emociona. Bajo el título Setenil, un pueblo bajo las rocas”, podemos leer expresiones que no necesitan glosa:

“El pueblo se oculta bajo las rocas en una garganta por la que corre el río Guadalporcún. (…) Es alucinante y abrumador ver surgir el pueblo de debajo de nosotros brotando aquí y allá en la mayor anarquía, en una multitud de planos como en una pintura surrealista en la que se superponen casas sobre casas, y ventanas y puertas se alternan en las fachadas con piedras y rocas. (…) La noche adquiere allí toda la grandeza de su misterio. Un misterio que rueda entre los guijarros del Guadalporcún, dándole al pueblo música de fondo, monótona y al mismo tiempo pavorosa, porque el Guadalporcún es río de crecidas rápidas y no siempre lleva guijarros (…).

Lo más interesante de Setenil está en su estructura extraña: en el trazado irregular de sus calles que se cruzan, se superponen o se transforman en escaleras; en sus casas que brotan entre las piedras, a veces con sus cimientos a la altura de las azoteas cercanas. Setenil es una continua sorpresa que llega a ser abrumadora, aplastante. Se hace necesario subir a la plaza a serenar el ánimo, para luego comprender que en toda aquella anarquía, en aquella locura de piedra, cal y vegetación en la que el río en su algarabía de guijarros pone una nota alucinante, hay una belleza sobrecogedora” (…).

 

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